La ciudad soñada, la más fantástica y premeditada del mundo.

Escrito por Eva en Ciudades y Planes el 20/02/2017

San Petersburgo, Petrogrado, Leningrado, todas son una, la misma ciudad cambiando de nombre en el tiempo según quién haya llevado la batuta del país.Con tan solo 300 años de historia,se ha ganado a pulso el título de «Diva del Báltico»

La bella ciudad de San Petersburgo nació como el capricho de un zar, Pedro I el Grande, quien quiso construir la ciudad de sus sueños a orillas del río Neva. San Petersburgo debía ser su nueva capital, aunque la comarca fuera sin duda la menos hospitalaria de su inmenso imperio; de hecho, una región pantanosa de clima insalubre.Pedro I planeó construir una ciudad a estilo y semejanza de las grandes capitales europeas que tanto admiraba.

Travelling Assistant, de la mano de Hugo Palomino, wallis en esta increíble y bella ciudad, rompe de nuevo fronteras para presentarte los mejores planes en esta gran urbe, construída con sangre, sudor y lágrimas, convertida en "la ventana " de Occidente, y fiel reflejo del sueño de un hombre, apodado "El Grande" y no precisamente por sus más de dos metros de altura.




Quería modernizar Rusia y aplicó en esa nueva ciudad todos los conocimientos que había adquirido en sus viajes por Europa.Dado que la construcción de la ciudad comenzó en tiempo de guerra, el primer edificio nuevo de la ciudad fue un fuerte militar que se llamaría Fortaleza de San Pedro y San Pablo y que se levanta aún sobre la isla de Zaiachiy en la ribera derecha del río Nevá. Los diseñadores de la nueva fortaleza eran ingenieros alemanes invitados por el propio Zar, pero la mayor parte de la mano de obra la pusieron los siervos rusos. Durante los años que duró la materialización de su sueño, hizo edictos en los que llegó a prohibir la construcción de otras edificaciones para que todos los materiales y arquitectos fueran empleados solo en San Petersburgo. Llegó a tal extremo que si uno quería entrar en la ciudad tenía que hacerlo con una piedra bajo el brazo para ayudar en la construcción. Ni que decir tiene, que durante ese proceso miles de personas perecieron a causa de las extremas condiciones de trabajo. Todo por el sueño del zar.



Trajo la madera de la región del Ladoga y de Nóvgorod. Las piedras para las edificaciones las obtuvo de diversos modos. Uno de ellos fue estipular que todo ruso que introdujera productos comerciales en la localidad aportara unas cuantas a modo de cuota. Además, prohibió hacer viviendas de este material, primero en Moscú y luego en el resto de su imperio, lo que indujo a los albañiles desempleados a mudarse a la nueva población. Las obras fueron iniciadas en 1703, y para vigilarlas el zar se hizo construir una edificación de madera, compuesta de dos habitaciones: dormitorio y comedor. Los primeros barcos holandeses que llegaron fueron pilotados por el propio Pedro, que perseguía a las naves suecas que se atrevían a merodear por allí.



Entre los días 24 y 26 de mayo de 1703, los carpinteros del Ejército construyeron el primer edificio de la ciudad: una casa de madera de una sola planta en la que Pedro I pasaría los veranos y supervisaría la construcción de la Fortaleza de Pedro y Pablo, situada en una de las islas que forma el Nevaen su desembocadura y que debía servir de protección para las esperadas incursiones suecas. La casa se ha conservado hasta hoy en su lugar original. Los ataques de los suecos comenzaron en ese mismo verano, pero las tropas rusas, con el Zar al frente, los mantuvieron a distancia. La construcción de San Petersburgo fue una tarea titánica que se logró al precio de miles de vidas humanas, por la voluntad implacable de un solo individuo. Los historiadores calculan entre 30.000 y 40.000 las víctimas del clima insalubre y el agotamiento.



En su fundación se llamaba San Petersburgo (ciudad de San Pedro), se intentó y se consiguió crear una joya de ciudad, con la ayuda de diferentes artistas y arquitectos venidos de toda Europa. El zar para ello trasladó a la ciudad todos los campesinos, presidarios y albañiles de Rusia. Hasta se prohibió que se usara piedra para construir otras casas, todo tenía que ser para crear este escaparate de ciudad. Se construyó la catedral, el Palacio de Invierno, donde, actualmente, podemos visitar Hermitage, que es una de las mayores pinacotecas y museo de antigüedades.



En 1914, se consideró que la ciudad tenía un nombre demasiado alemán y los rusos estaban en guerra con Alemania (Europa y el mundo estaba envuelta en la I Guerra Mundial, 1914-1918), y no querían nada de nada que sonase germánico, en sus tierras, y la ciudad pasó a llamarse Petrogrado. Así estuvo llamándose la ciudad hasta 1924. La ciudad vivió la Revolución Rusa (1917), la caída de los zares y el encumbramiento de Lenin.

Cuando Lenin murió la ciudad pasó a llamarse Leningrado, en honor al dirigente comunista. Un nombre que tuvo desde 1924 a 1991 en el poder. Pero por aquel entonces, la ciudad ya no era capital de Rusia y perdió habitantes y parte de la grandiosidad de la ciudad.

Por último, el 6 de septiembre del año 1991, la ciudad volvió a llamarse San Petersburgo, se realizó un referéndum entre los ciudadanos y se votó mayoría recuperar el primer nombre. Actualmente, es una de las ciudades más grandes de Europa. El centro de la ciudad es considerado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco.


Todo en San Petersburgo parece brillar. Brillan las cúpulas, las puertas, el agua de los canales con los rayos de sol, los coches, y hasta las sonrisas de los transeúntes. El esplendor de la bella urbe rusa, catapultada a la fama europea por los zares y sus opulencias, sigue más vivo que nunca. Creada en tan solo 300 años, levantada de la nada y rehecha muchas veces, se apoya en su monumental arquitectura para contar su historia. De una belleza apabullante, flanqueada por 40 canales al estilo de Venecia y atravesada por la variopinta Avenida Nevski, que merece una visita detenida por sus lujosas tiendas y coquetos cafés,la ciudad ofrece al viajero una especie de museo al aire libre, el metro más profundo del planeta, decorado con esmero con pinturas y relieves, y un sinfín de templos, palacios y monumentos.



Simplemente por ver el Hermitage ya merece la pena San Petersburgo, aunque según se dice, si se contemplara cada obra durante un minuto, se tardarían 5 años en verlas todas. Un museo en el que no se sabe dónde mirar: o bien a la multitud de obras expuestas, o a las paredes, el techo o los suelos. En las conversaciones informales de los rusos, la ciudad se denomina «Piter», lo que habría agradado a su fundador, ya que así es como se hacía llamar cuando recorría Europa disfrazado de carpintero para aprender las técnicas navales de Occidente.La historia ha juzgado a este zar como grande y temible, pero gracias a su empeño, San Petersburgo fue y es una ciudad de capricho.





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