“No conté ni la mitad de lo que vi“.

Escrito por Eva en Eventos y agenda local el 23/04/2017

Los libros tienen la particularidad de poder, a través de las palabras, trasladarnos hasta los rincones más remotos del planeta y describirlos de tal forma que pareciese como si estuviésemos allí. Así, es posible conocer diferentes destinos.

Con esta publicación, ponemos el broche de oro a las entradas de esta semana en la que os hemos ido proponiendo algunas rutas, visitas y librerías que nos han parecido interesantes y curiosas. Como punto final y recién estrenado el dia 23, Día del Libro, agradecemos la sugerencia de un fiel y entusiasta seguidor de este blog, y este último artículo lo vamos a dedicar a los libros de viajes. Para ponernos a ello y desde la primera línea, el título nos lo proveemos de las últimas palabras de un famoso viajero del siglo XIII, célebre por los relatos que hizo sobre la cultura asiática y un referente cuando hablamos de los viajes como figura literaria. Según se dice, cuando Marco Polo estaba próximo a morir, unos familiares se acercaron hasta su casa para despedirse de él. Uno de los familiares aprovechó él momento para preguntarle si todo lo que había contado en aquellos relatos sobre Asia era realmente cierto. Según cuenta la leyenda, la respuesta de Marco Polo fue clara y concisa: “No conté ni la mitad de lo que vi“.



Los libros de viajes conforman un género literario que ha gozado de una enorme popularidad durante siglos, pese a que su definición sigue resultando difícil. El libro de viajes cuenta invariablemente una aventura.Describe un viaje a través de un país extranjero con numerosas observaciones sobre el paisaje, la geografía, la flora, la fauna, los habitantes, el modo de vida, la historia y las costumbres sociales del país.La literatura de viajes puede presentarse como un subgénero que incluye textos que recogen los acontecimientos, los sentimientos e impresiones de un viajero, el narrador, que puede o no coincidir con el autor empírico. Obras que hablan de aventura, conquista o exploraciones son recogidas también normalmente bajo la categoría de literatura de viajes.




La idea de un viaje por tierras desconocidas ha resultado sumamente atractiva para los escritores desde los orígenes de la literatura occidental. El ejemplo arquetípico es la Odisea, la epopeya homérica del siglo IX a.C. que narra el largo viaje de Odiseo desde Troya, una vez terminada la guerra, hasta Ítaca, su isla natal. De el historiador griego Heródoto, siglo V a.C., heredamos de primera mano las observaciones realizadas durante sus viajes por Asia Menor, el norte de África y la región del mar Negro.Pero la obra que más ha contribuido a configurar el libro de viajes moderno y que ha generado el mayor número de imitadores ha sido Libro de las maravillas del mundo, de Marco Polo, una de las obras más difundidas durante la edad media y uno de los libros de viajes más famosos de todos los tiempos. Al aragonés se tradujo entre 1377 y 1396, y Juan I de Castilla ordenó su traducción al castellano en 1385. Narra la misión de un noble comerciante veneciano del siglo XIII en la corte china del emperador mongol Kublai Kan. Mediante una lograda combinación de aspectos sociales, hechos históricos y leyendas, como la descripción de hombres con rabo y cara de perro, esta obra proporcionó a Europa una valiosa información sobre el Lejano Oriente y la sociedad china, al tiempo que reavivó el interés de los europeos por los viajes.




Marco Polo (1254-1324), en su vejez, preso de los genoveses después de una batalla olvidada, dicta a un compañero de celda sus relatos de viajes. "El descubrimiento" o "Libro de las maravillas del mundo" es probablemente uno de los libros de viaje más famosos e influyentes de la historia. Con él, Europa conoce la existencia y la forma de vida de la otra parte del mundo. Es imposible adivinar el gran impacto de una Europa medieval frente a las vívidas descripciones de Marco Polo sobre la vida de palacio en una China lejana, desconocida y exótica.Asimismo llegan con su voz, las imágenes de Siam (actualmente Tailandia), Cipango (Japón), Java, Cochinchina (actualmente parte de Vietnam), Ceilán (Sri Lanka), Tíbet, India y Birmania (Myanmar).Los planos de sus recorridos por las costas orientales, ayudaron a Cristóbal Colón a soñar una ruta nueva hacia las Indias.

En España, el Liber Sancti Jacobi, es una compilación del siglo XII atribuida a Aymerico Picaud sobre el Camino de Santiago, en el que se recogen descripciones de lugares, así como relatos, homilías y oraciones.Las cartas de exploradores como Hernán Cortés, que ofreció a Europa una primera y seductora visión del extraordinario Imperio azteca mexicano. El Viaje a Turquía (1557), atribuido a Cristóbal Villalón, es un libro original en el que un condenado a galeras dialoga sobre lo que ha visto y la filosofía de la época.




Viajar es una de las actividades que diferencia al hombre del animal. Al igual que otras creaciones estéticas e intelectuales del hombre, el arte de viajar es indisociable del progreso humano. El ser que ha transformado el instinto gregario en política, la madera o la piedra en arte, el sonido en música o el lenguaje en literatura, ha transformado también el movimiento en viaje. Al viajar, el hombre se somete a una necesidad que comparte con numerosos animales, pero es indiscutible que sublima esta función y supera en su ejercicio a todas las otras especies. Al ser humano le gusta contar sus viajes y les atribuye a menudo un significado que los trasciende. Para las culturas occidentales de la Antigüedad, el libro de viajes era, entre otras cosas, el relato de un regreso.El viaje invita a rituales de partida y de llegada, pero también idealiza y mitifica las tierras que están más allá. Todas las sociedades tienen un Ulises y un Jasón particular, un Moisés o un Abrahán, un Cristóbal Colón o un Robinson Crusoe, y en tomo a estos personajes surgen relatos cargados de hondo significado.




Durante siglos, los libros de viaje han sido una de las fuentes de reflexión sobre el hombre y la naturaleza. Mientras que antaño el viaje evocaba la debilidad del hombre que vive a merced de un destino impenetrable, en el siglo XIX pasó a relacionarse con el poder de una criatura que aspiraba a dominar el tiempo y el espacio. Julio Verne exploró casi todos los caminos de este viaje triunfante tanto por los aires (Cinco semanas en globo) como por las aguas (Veinte mil leguas de viaje submarino). Según Eugenio Trías, el viaje despierta el «nervio filosófico», nuestra capacidad para el asombro. El asombro, que tan fácilmente se pierde en la vida cotidiana, se recupera en el viaje, porque uno se halla cerca y lejos de sí mismo. No es infrecuente que las grandes preguntas sobre el mundo, sobre la vida, provengan, en el siglo XX, de viajeros, de escritores de la periferia, no del centro. El centro es el lugar de la academia, la escuela. El centro es el lugar del poder y las influencias, el mundo del que irradia la seguridad. La vida y la literatura se ven de otra manera desde los márgenes. La nómina de autores que han escrito su obra fundamental en el exilio, en el viaje permanente, es abrumadora.



Se puede aprender y viajar, leyendo el Libro de Marco Polo, los Naufragios de Cabeza de Vaca, los textos de Alexander von Humboldt, Robert Kaplan o Julio Verne. Es posible escoger relatos de ficción, libros de viaje y literatura espiritual del siglo XVIII inglés y estudiar cómo se relacionan, pero puede también explicarse la imagen del mundo a través de las crónicas de Indias, las ilustraciones en los libros de viajes del Romanticismo o la relación entre el viaje y la ciencia ficción.El viaje es interdisciplinar por naturaleza.Desde la Odisea a Ulyses de Joyce, desde el libro de Marco Polo a Las ciudades inventadas de Ítalo Calvino, desde los relatos de piratas y aventureros a la ciencia ficción,la literatura de viajes es,una inmensa reserva para la literatura.Fomentar la lectura desde la infancia, es una gran labor que se puede realizar desde muy diversos puntos de vista y los libros de viajes son una excelente puerta para ello.



Para escribir este artículo, he leído y consultado blogs, estudios sobre literatura de viajes y diversas publicaciones, pero no puedo finalizarlo sin hacer mención de una reflexión que creo que sintetiza y recoge perfectamente la esencia de los artículos que a lo largo de esta semana hemos dedicado al día del libro:

"Cuando viajamos, leemos; cada viaje representa infinidad de lecturas, diálogos con el mundo, los paisajes, la gente que nos rodea y cada uno de los espacios que a nuestro paso vamos descubriendo. Cuando viajamos, experimentamos cosas nuevas, aprendemos, nos abrimos a infinidad de posibilidades, probamos nuevos sabores, olores, texturas.

Cuando viajamos, nos reinventamos, escapamos. Cuando viajamos leemos y cuando leemos, viajamos a una realidad que se nos presenta, en la que cada personaje toma vida al pasar de nuestros ojos por cada línea, en la que las vidas de los que leemos avanzan o se detienen a nuestro propio ritmo.

Por eso leer y viajar son dos acciones sumamente relacionadas que nos liberan y nos descubren partes del mundo inimaginables....

Si lees viajas, si viajas, lees. Puedes leer mientras viajas, llevando un libro o puedes viajar mientras lees, a lugares tantas veces descritos en mágicas historias, imprevisibles..." Verónica Torres Tinajero




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