Noche de San Juan en los Pirineos, Nieve y Fuego

Escrito por Eva en Eventos y agenda local el 23/06/2017

Las Fallas del Pirineo, están declaradas Patrimonio Inmaterial de la Humanidad por la UNESCO.La fiesta se celebra en torno al solsticio de verano, una fecha llena de magia que en los Pirineos se festeja con rituales con el fuego como protagonista.

Una tradición ancestral

Más de 60 pueblos de Aragón, Cataluña, Andorra y el sur de Francia desarrollan ritos en torno al fuego cuando llega una fecha cargada de magia: el solsticio de verano. Época de cambio natural, momento de honrar al Sol, que el Cristianismo recicló en torno a la festividad de San Juan (23-24 de junio).

Según la tradición de cada localidad, los participantes descienden desde la zona más alta portando antorchas artesanales encendidas (fallas), trazan formas en el aire con el fuego, danzan o encienden una gran hoguera en el pueblo. Estos ritos se transmiten de generación en generación y según la localidad pueden simbolizar el paso a la vida adulta, la purificación o la fertilidad.


El fuego, protagonista en todos los rituales de San Juan

El fuego es el principal protagonista de esta celebración, cuya imagen más representativa es la hilera de antorchas descendiendo montaña abajo. Sin embargo, cada localidad impone su propia versión: por ejemplo, en el pueblo de Isil, en la provincia de Lleida, la tradición manda encender un tronco de árbol en medio de la hoguera que sirve de señal para indicar a los jóvenes participantes que comiencen su descenso desde lo alto de la montaña.Cada zona, cada pueblo, posee sus peculiaridades, otorgando una variedad a estas fiestas en torno al fuego que invita a conocer tradiciones que se han mantenido, con sus más y sus menos, a ambos lados de la cordillera de los Pirineos a lo largo de los siglos. A pesar de las difíciles comunicaciones.


Antorchas preparadas para la noche de San Juan en un pueblo del Pirineo


Aunque su origen se pierde en la memoria de los tiempos, las primeras referencias de la celebración de este ritual se remontan al siglo XI y la referencia documentada más antigua de la edad moderna es del 1759 en Vilaller (Alta Ribagorça), en Lleida. Los fallaires, que son los que llevan las fallas o teas, las prenden en una hoguera que se llama "faro". Después de dar "foc al faro" se encienden las teas y se baja con ellas desde la parte alta del pueblo reproduciendo un ritual iniciático que simboliza el paso de la infancia a la edad adulta, trazando figuras en el aire con el fuego. Lo habitual es dar la vuelta al pueblo y algunos de los fallaires hacen el recorrido corriendo ("correr las fallas"). Cuando se llega a la parte baja de la población se hace un círculo y las fallas se tiran en el centro, todos a una o conforme se va llegando, depende de la costumbre en cada población. Las fallas se elaboran con cortezas y ramas de árboles y en cada población tienen una forma característica.


Preparativos previos a la noche de San Juan en los Pirineos


En la actualidad: Huesca y Cataluña

En la actualidad este rito se celebra en 63 localidades de todo el Pirineo: 34 en Francia, 3 en Andorra y 26 en España, de las que nueve son aragonesas y el resto catalanas. Sahún, Bonansa, Laspaúles, Castanesa, Aneto, Montanuy, Suils y Villarrué, en la Ribagorza, y San Juan de Plan en Sobrarbe son los núcleos donde tiene lugar esta ancestral ceremonia cada año la noche más corta del año.

La provincia de Huesca, en concreto varios pueblos de las comarcas de Sobrarbe y La Ribagorza, concentran las fiestas del fuego a finales del mes de junio. Destacamos las fallas de Sahún, con el volteo de las teas sobre las cabezas de los mozos y mozas, creando espectaculares colas de luz y calor, así como una lluvia de fuego.


Hoguera en la noche de San Juan de los Pirineos


Las comarcas de Alta Ribagorza, Berguedá, Pallars Jussà, Pallars Sobirá y Val d’Aran, en las provincias de Lleida, Barcelona y Girona, se vuelcan con diferentes tradiciones para el solsticio de verano. En total, una veintena de poblaciones mantienen rituales con el fuego como protagonista.

Entre las variaciones de la fiesta, cabe destacar las de Les y Arties, en la Val d’Aran. El haro de Les se planta en la festividad de San Pedro (29 de junio) para quemar al siguiente año. Y en Arties, el taro está plantado a las afueras de la localidad; una vez encendido, se tumba y se arrastra por todo el pueblo, con la gente saltando de un lado para otro.


Fuego, hogueras una constante en los rituales de San Juan


Patrimonio Inmaterial de la Humanidad

La Unesco ha incluido esta peculiar celebración, llamada “Fiestas del Fuego del Solsticio de Verano en los Pirineos”, en la Lista Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad, la máxima distinción concedida por el organismo de Naciones Unidas para prácticas y expresiones culturales inmateriales en todo el mundo. La entidad dio a conocer el acuerdo durante su reunión anual en el Comité Intergubernamental de Salvaguardia del Patrimonio celebrada en la ciudad africana de Windhoek (Namibia) después de analizar una propuesta transfronteriza presentada conjuntamente por 63 localidades (34 francesas, 17 catalanas, 9 aragonesas y 3 andorranas). El reconocimiento tendrá una repercusión turística y económica, ya que atraerá a más espectadores a cada una de las localidades, como ha ocurrido con otras zonas y ciudades agraciadas con el mismo galardón, como las iglesias de la Vall de Boí, Berga y su Patum y las ciudades de Tarragona y Barcelona.


Rituales de la noche de San Juan en el Pirineo



La candidatura fue presentada por Andorra con el respaldo de Francia y España que sabiendo que esta candidatura podía perjudicar a la de las Fallas valencianas hizo suprimir del título de la denominación el término Fallas para así evitar confusión en el seno de la Unesco. Es, por tanto, una candidatura andorrana que computa a la lista representativa de este pequeño país de los Pirineos.La decisión de la Unesco coincide con el resurgimiento de esta fiesta en algunos pueblos de la regióngracias a la labor llevada a cabo por asociaciones culturales. Además, su celebración en varias poblaciones cercanas entre sí y el atractivo turístico que suscita han prolongado la fiesta a lo largo del verano, desde junio (en el que se celebra el solsticio de verano) hasta agosto. Se espera que el reconocimiento institucional traiga consigo una gran repercusión turística que ayude a atraer visitantes a la zona, como ya ocurrió con otros bienes reconocidos anteriormente por la Unesco, como el valle de Boí o la Patum de Berga.



Más Info:

El País

Fallas del Pirineo

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