Lady Hester Stanhope, mujer y leyenda en los Jardines de San Carlos

Escrito por Eva en Sabes qué? el 08/03/2017

No es todo una leyenda. Lady Hester Stanhope existió. Mantenía una relación sentimental con el héroe británico Sir John Moore, y su fantasma dicen que vaga aún sobre la tumba del héroe de Elviña.

Los jardines de San Carlos en A Coruña, son casi una visita obligada para los visitantes y curiosos que quieren conocer la historia de esta ciudad. Contacta con nuestros wallis, solícitales que incluyan este lugar en tu Plan de viaje o consulta sus calendarios para que te acompañen y en tu idioma y cuando tu quieras, te ayuden a conocer la ciudad, todos sus secretos, sus mejores historias, sus curiosidades y todo aquello que te hará disfrutar al máximo en tu visita, de una manera totalmente personalizada y para ti, de la mano de un anfitrión en la ciudad y a la medida de tu viaje. Hoy, en nuestro blog, te contamos la leyenda de esta mujer que cada 16 de enero desde hace más de 150 años, "visita" los jardines donde reposan los restos de Sir John Moore

A Coruña es una de las pocas ciudades del mundo que puede presumir de tener una turista fantasma. Mejor dicho, una visitante fantasma. Es el espíritu de Lady Hester Stanhope. Y cuenta la leyenda, que visita la ciudad todos los años el 16 de enero. Siempre. Puntual. Nunca falta a la cita. El afecto que se profesaban Sir John y Lady Hester Stanhope, sobrina del célebre estadista William Pitt, pervivió tras la muerte de Moore en el campo de batalla.




La vida extraordinaria de la aristócrata inglesa lady Hester Stanhope fascinó a unos cuantos autores, que escribieron de sus andanzas o la convirtieron en heroína de sus relatos. El poeta Lord Byron, que en Grecia se lanzó al mar para saludarla, se prendó de ella y Lamartine, que también la conoció, habla en El viaje a Oriente de esta bella y aguerrida mujer, que, vestida de beduino, se ganó la admiración de las tribus drusas y la proclamaron Reina blanca de Palmira. Sobrina del político William Pitt el Joven, abandonó Inglaterra en 1810 y se fue a vivir a un palacio en el desierto de Siria, a donde no había llegado ningún occidental. Nunca volvió a Inglaterra.



Lamartine en su Viaje a Oriente cuenta cómo lady Hester se había retirado a tierras de Oriente Medio (Siria) señalando: «Jamás supe los motivos de esta expatriación. Algunos lo atribuyeron al fallecimiento de un joven general inglés muerto en campaña por esta época en España, y que un pesar eterno había arraigado en el corazón de lady Hester».

"He sido coronada reina del desierto bajo el arco triunfal de Palmira.Nada ha tenido tanto éxito como esta jornada, que parecía ser tan peligrosa. Todos me rindieron homenaje.Si quisiera podría ir ahora misma a La Mecasola. No tengo nada que temer. Pronto contaré con tantos nombres con Apolo. Soy el sol, la perla,el león, la luz del cielo y la reina"


Lady Hester Stanhope, fue la primera europea en llegar a Palmira atravesando el peligroso desierto sirio. Conduciendo una caravana de cincuenta camellos y escoltada por una guardía de beduinos, entró triunfal en la ciudad donde fue recibida como una reina en 1813.




Nada hacía presagiar que Hester Stanhope una de las hijas pequeñas de Lord Stanhope y nieta de la condesa de Chattam, se convertiría en una leyenda: para mucho árabes, su travesía del desierto y llegada a Palmira la convirtió en un ser sobrenatural, una diosa procedente de otro mundo... Pero hasta ese momento, la niñez y adolescencia de Hester, sería como la de otras muchas jóvenes de la aristocracia británica del s. XVIII-XIX, con un diferencia sustancial: Hester aborrecía el rol que por ser mujer le imponía la sociedad de su tiempo y desde pequeñas dio muestras de ser bastante indómita, orgullosa y testaruda. Mantuvo una relación sentimental con el héroe británico Sir John Moore, fallecido en la batalla de Elviña (en la que se enfrentaron el ejercito inglés contra los franceses) un 16 de enero de 1809. Muertos Pitt, Moore y Charles (su hermano, y ayudante de Moore), la dama emprendió un viaje por el mundo y que marca el principio de su destierro y de su leyenda.




Viajó por Europa antes de visitar Jerusalén, Turquía, Egipto y Siria. En Damasco, atraída por el estilo de vida de los beduinos, adoptó el vestuario druso. En la capital siria, tuvo conocimiento de la existencia de Palmira, la gran ciudad romana situada a 200 km, un lugar retirado y peligroso, pues el camino estaba infestado de beduinos y bandoleros que vivían en el desierto feroz, a donde nunca había llegado europeo alguno hasta entonces. En 1813 lady Stanhope, vestida como un príncipe druso, llegó a Palmira acompañada de una caravana de 50 camellos, criados y una guardia pretoriana de beduinos armados y uniformados. Los nómadas árabes la recibieron con todos los honores: "El jefe y 300 hombres armados salieron a recibirme, venían en espléndidos caballos, algunos, prácticamente desnudos y otros con trajes de seda, dando gritos salvajes, cantando y bailando. Toda esta exhibición duró hasta que llegamos a un Arco del Triunfo en Palmira".



Recibida como si fuese la reencarnación de Zenobia, una mítica reina de la ciudad, empezó a decir que había escuchado varias profecías que la señalaban como predestinada para ser la prometida de un nuevo mesías. Es dudoso que ella misma lo creyera, pero este rumor le hizo ganarse el respeto de las gentes de la zona, que empezaron a llamarla Reina Hester.Cansada de vagar se asentó en el monasterio abandonado de Mar Elías, cerca de Sidón, en Líbano. Allí organizó su propia vivienda al estilo turco con un jardín. Se ganó la enemistad del emir Bashir II por dar asilo a los refugiados drusos y de otros clanes, víctimas de las luchas internas. Su autoridad se expandió por los territorios circundantes y adquirió suficiente poder como para que Ibrahim Pachá solicitara su neutralidad antes de invadir Siria en 1832. Había logrado convertirse en poco menos que una jefa de estado. Los beduinos creían que ella poseía extraños poderes.Organizó una expedición para encontrar el tesoro perdido de la ciudad de Ascalón, con intención de que el gobierno británico se la financiase, pero esto no sucedió y al fracasar la búsqueda del tesoro, se encontró llena de deudas. Dilapidó el escaso dinero que la quedaba y cuando no pudo pagar a sus sirvientes estos empezaron a llevarse sus pertenencias. Enfermó, su carácter empezó a agriarse y desarrolló algunas manías, como recibir a las visitas en la oscuridad, afeitarse la cabeza y vivir rodeada de cuarenta gatos. Falleció el 23 de junio de 1839 y cuando el cónsul británico llegó para arreglar los papeles encontró sus aposentos llenos de trastos y cacharros inútiles.





“El sueño de la vida de Lady Hester fue el poder y el mando, y la cuestión era que no podía acceder ni al uno ni al otro. Se veía excluida, por su sexo, de virreinatos y gobernaciones: tenía el genio de un héroe, pero no podía mandar flotas ni ejércitos, ni presidir consejos de Estado” (Dr. Charles Meryon). El 22 de junio de 1831, Lady Stanhope fallecía completamente arruinada físicamente, en la oscuridad de su habitación, cubierta de harapos y en pésimas condiciones higiénicas en cama, teniendo por toda compañía a multitud de gatos y un cúmulo de objetos que había acumulado en sus viajes, fue inhumada en uno de sus jardines y su castillo fue sellado por el consúl inglés en Damasco.




Sir John Moore,falleció en la batalla un 16 de enero de 1809. Desde entonces, todos los años, ese mismo día Lady Hester Stanhope regresa a A Coruña para saludar al que fue el amor de su vida. Cuentan los que la vieron: que su silueta se pasea por el Jardín de San Carlos, donde yace el general Moore. De la nada de repente surge la misteriosa silueta de una mujer elegante, vestida de blanco, con el rostro cubierto por el ala de un gran sombrero. Su sombra camina lenta hasta la tumba de su amado donde se para y desaparece. Sea o no cierta esta leyenda del fantasma, Lady Hester fue una gran aventurera victoriana y una mujer tan inteligente como valiente. Se sabe con seguridad, que ella guardó hasta sus últimos días un guante ensangrentado que Moore había vestido en la batalla de Elviña. La leyenda de la misteriosa dama del Jardín de San Carlos, recogida por Leandro Carré y Juan Naya a partir de un relato de 1860 de Manuel Murguía, según el cual, la mañana del 16 de enero de 1841 —31 aniversario del fallecimiento de Moore en el campo de batalla— una mujer alta, de unos 50 años de edad y aspecto extranjero, se dirigió hacia la tumba de Sir John y permaneció allí, al pie del sepulcro entre sollozos, para luego alejarse sola, «triste, como un alma entregada a melancólicos recuerdos».



Desde entonces, acudía todos los 16 de enero al mismo lugar, hasta que, ya anciana, se presentó para despedirse exclamando: «Adiós por última vez». Se trata de una deliciosa leyenda que sirve de amable colofón, a todos los relatos sobre Sir John Moore. Una buena muestra del reconocimiento que los gallegos en general y los coruñeses en particular, otorgamos a este escocés paradójico y valiente, demasiado sensato y humano para ser un general perfecto, pero capaz del más generoso sacrificio. "Lady Stanhope no era una excéntrica, era una mujer iluminada (espiritual), de alta cuna, muy culta, con dotes de estadista y en ocasiones una especie de Circe. "Siempre se las ingeniaba, aun en los momentos más difíciles, de esparcir a su alrededor una mágica ilusión que cautivaba a quien la conocía", escribió Charles Meryon.






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